Los Nacidos Antes de 1980

Hace casi un mes he empezado un curso a personas desempleadas. De una duración considerable (unas 200 horas) y me ha pasado algo que no me ha gustado nada y por eso uso este blog personal para desahogarme, y es que me he sentido viejo. En todos mis trabajos anteriores y en todos los cursos que he impartido, he sido el más joven siempre, y en este curso, hay 3 'niños', con 18 años ... no son otra cosa... y para más INRI no dejo de encontrarme canas en mi pelo negro... y justo en ese momento recibo este mail... si es que a veces es mejor no usar los computadores.
La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir, ¿sobrevivir a nuestra infancia? Mirando atrás, es difícil creer que estemos viviendo en la España de antes.
Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin airbag; hacíamos viajes de 10-12 horas con cinco personas en un 600 o en un Renaul 4, y no sufríamos el síndrome de la clase turista.
No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos.
Los columpios eran de metal y con esquinas en pico, y jugábamos a "lo que hace la madre, hacen los hijos", esto es, a ver quién era el más bestia.
Pasábamos horas construyendo nuestros "vehículos" con trozos de rodamientos para bajar por las cuestas y sólo entonces descubríamos que nos habíamos olvidado los frenos. Después de chocar con algún árbol, aprendimos a resolver el problema.
Jugábamos a "churro va" y al pañuelo, y nadie sufrió hernias, ni dislocaciones vertebrales. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y sólo volvíamos a casa cuando se encendían las luces de la calle.
Nadie podía localizarnos. Eso si, nos buscábamos maderas en los contenedores o donde fuera, y hacíamos una caseta para pasar allí el rato.
No había móviles.
Nos rompíamos los huesos y los dientes, y no había ninguna ley para castigar a los culpables.
Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de piedras, y no pasaba nada. Eran cosas de niños y se curaban con mercromina y unos puntos. Al día siguiente todos contentos.
La mitad de los compañeros de clase tenía la barbilla rota o algún diente mellado, o alguna pedrada en la cabeza.
Tuvimos peleas y nos partíamos la cara unos a otros. Y aprendimos a superarlo.
Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ¡ruedas!
Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso, alguno era gordo y punto.
Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando. Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagió de nada. Sólo nos contagiábamos los piojos en el cole, cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente.
No tuvimos Playstations, Nintendo 64, vídeo-juegos, 99 canales de televisión, películas de video, sonido dolby surround, móviles, ordenadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos globos llenos de agua y arrastrándonos por los suelos destrozando la ropa.
Nosotros sí tuvimos amigos. Quedábamos con ellos y salíamos. O ni siquera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos, y jugábamos a las chapas, a la peonza, a las canicas, a la lima, al rescate, .... En fín, tecnología punta.
Íbamos en bici o andando hasta casa y llamábamos a la puerta. ¡Imagínense! sin pedir permiso a los padres, ¡nosotros solos, ahí fuera, en el mundo cruel! ¡Sin ningún responsable! ¿Cómo lo conseguimos?
Hicimos juegos con palos, botellas y balones de fútbol improvisados. Comimos pipas y, aunque nos dijeron que pasaría, nunca nos crecieron en la tripa ni tuvieron que operarnos paras sacarlas.
Bebíamos agua directamente del grifo de las fuentes de los parques, agua sin embotellar, ¡dónde chupaban los perros! Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la escopeta de perdigones o con el tirawebos, antes de ser mayores de edad y sin adultos. ¡DÍOS MIO!
En los juegos del colegio, no todos participaban en los equipos. Los que no lo hacían, tuvieron que aprender a lidiar con la decepción.
Algunos estudiantes no eran tan inteligentes como otros y repitieron curso. ¡Qué horror, no inventaban exámenes extra!
Y ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarlas el culo y jugando a beso, verdad o atrevimiento, no en un chat diciendo

Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias.
No había nadie para resolver eso.
La idea de un padre protegiéndonos si transgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaban un guantazo o un zapatillazo y te callabas.
Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.
Después de esto no puedo añadir ni quitar ni una sola coma.












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La vida pasa y solo nos
La vida pasa y solo nos queda los recuerdos y las experiencias por lo que lo unicoq ue podemos hacer es que estas sean increibles, por que tarde o temprano seras viejo de verdad y no te quedara mas q aceptarlo y aceptar esa nueva etapa
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