Un prestamista tiene cuatro millones de euros iniciales.
El prestamista le da a B cuatro millones de euros. B compra el perro a A, se quedan con dos millones cada uno, B se compra un Hummer y ambos se dedican a vivir bien gracias al “gran valor” de los perros y gatos.
Meses después todos se dan cuenta que las mascotas no pueden valer dos millones, sólo unos 1000 euros como máximo.
Resultado: El dinero no desapareció, lo tienen A y B, pero B ahora tiene serios problemas porque debe cuatro millones que nunca podrá pagar completamente porque sólo le queda menos de dos millones. En cambio A sigue con sus dos millones que nadie les quitará.
El problema es que posiblemente el prestamista esté casi arruinado por el negocio, eso lo sabemos, lo que nunca nos dirán es quiénes son los Aes de la historia:)
La solución: Dar más dinero al prestamista así mantiene el negocio hasta que la gente crea que los perros valen otra vez dos millones y que seguirán subiendo.
El problema es que quizás nunca se vuelvan a creer que los perros valgan dos millones. En este caso el prestamista sobrevivirá con las ayudas, A seguirá viviendo bien, B morirá muy endeudado.
via: meneame
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